martes, 29 de diciembre de 2009

Sobre la castidad y la amistad


El otro día estaba en la única librería decente de San José, seleccionando los ejemplares para leer durante el receso de fin de año. Al rato entra mi mejor amigo. Yo ya tenía algunos ejemplares en la mano y él se dispuso a buscar los suyos. Entre estante y estante hablamos de Enrique Vila Matas, de Gelman, de Arthur Conan Doyle, y hasta de Bukowsky (este último a raíz de que una pareja de jóvenes emos, comentaba cuál era el mejor libro del autor. Todo medido con el parámetro, claro está, de cuál era más pornográfico o incluso vulgar, quizá para luego sentirse rebeldes ante sus amigos – como si Bukowsky fuera sólo eso-. Pasada media hora mi amigo tomo la iniciativa y me dijo:
—No te llevés el libro X porque es muy malo, ni el Y; la verdad no valen la pena. En cambio el Z yo te lo regalo: es Navidad.

Como se que es un lector impecable, agradecido accedí y tomé su palabra. Llegamos cada uno con los ejemplares a la caja, pagamos. En eso me dice;
— Préstame el ejemplar Z .
Con su bolígrafo dio testimonio del acto en la primera página con una nota sobre nuestra amistad, la fecha y los buenos deseos, entonces empecé a pensar en la castidad. Varios días estuvo esa palabra dando vueltas en mi cabeza: castidad.
Es precisamente por mis manías, que no lograba sacar esa palabra. Los libros para mi son como hijos y los disfruto y los tengo en mi álbum de recuerdos- biblioteca- y saco el tiempo para desempolvarlos. Quizá está manía viene desde mi padre, que acostumbra poner una sello que dice Biblioteca personal de Mengano y siempre muchos de los ejemplares me parecen magníficos, pero el sello abominable. Sólo me queda aceptar que soy un maniático y confesar que cuando un libro realmente me impresiona y me pongo a analizar su estructura narrativa compro un segundo ejemplar para rayar y el primero permanece intacto en la biblioteca si perder su castidad, sin ninguna mancha que de prueba a su deshonra, a su perdida de castidad que tan poco importa en estos días.

felices fiestas para todo y que tengan el año más literario que jamás esperaron
su amigo david

10 comentarios:

  1. Excelente, David! Aunque yo no hubiera aceptado la opinión de mi amigo en cuanto a las lecturas, si quiero una opinión, prefiero que sea la de mi propia lectura. No hay que dejarse prejuiciar, al final uno decide si un libro valió la pena leerlo o no...

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  2. Siempre resulta interesante el tema de las manías bibliófilas. Yo no compro segundos ejemplares, pero igual me parece sacrílego rayar un libro. Claro, luego debo releerlo para encontrar la cita o la idea que busco y poder poner la referencia como se debe.

    Saludos para vos.

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  3. Mae yo si rayo mis libros. Es como dejar algo mio entre las paginas.

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  4. Qué va, David, con ese sistema no solo me iría a la quiebra, sino que tendría que irme a dormir a la calle. Yo, en cambio, si no rayo un libro, me cuesta más leerlo; las notas las hago aparte, a veces, pero la mayoría las pongo en el mismo ejemplar, que al final queda hecho una desgracia (y una belleza, si se me permite).
    Y, estoy completamente de acuerdo con Cristian: es mejor sacarse el clavo uno mismo que perderse de lecturas que al rato y hasta nos marcarán de por vida...
    Estas manías bibliófilas...

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  5. Un bibliófilo es un enfermo... ¡qué dicha que encontré esta terapia de grupo en línea! :D

    En mi caso, libro que leo, libro que rayo. Aunque un amigo dice que yo no los rayo sino que los pinto. Eso se debe a las grandes cantidades de resaltador amarillo, verde o rosa que pongo por todo lado (dibujitos incluidos). Es un ritual complejo porque, para mí, leer un libro es convivir con un amigo durante varias semanas (recuerden que leo muy despacio), así yo dejo mis marcas de animal en él, como el libro deja sus marcas de fantasma en mí. Siempre (aun cuando el libro es malo) la experiencia es buena.

    ¿Comprar dos ejemplares? Ni vendiendo un pulmón, un riñón, un testículo y un brazo podría costeármelo. Eso se queda para ustedes los... audaces ;)

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  6. CRISTIAN:
    Tienes razón pero salen tantos libros, que hace falta la ayuda de filtros ( amigos)según mi criterio, aunque tienes razón en tu punto.
    ASTERION:
    Realmente los segundos ejemplares no abundan en mis libros, privilegio de Joyce, de Pamuk, de Bolaño( para estar a la moda y se lo merece el viejo), de Borges, de Banville y otros pocos autores, pero eso no importa, importa la manía pero sobre todo el amor a los libros.
    LUCHO & SENTENCIERO:
    Me gusta ese: es como dejar algo mío entre las páginas... les confieso que cuando alguien me presta un libro con anotaciones mi postura es otra: asumo un papel de voyerista de ver los encuentros arqueológicos del otro, pero nunca los míos, siempre castos jejejej o en su defecto con libreta en mano para anotar.

    ALEX:
    Un poco mi idea con esta nota era extirpar esa manía de bibliófilo enfermo como bien dices, me declaro enfermo.
    Quizá muchos por audaces se quedaron sin pulmón como sacrifico ya que la cumbre de Copenhague no llegó a nada, sin riñón por causas más personales y etílicas, sin testículo para que tan vasta especie no logre /merece la reproducción y sin brazo para que no vaya con su hacha a cortar más árboles: para fabricar papel o en su defecto cortar el árbol de Navidad.


    gracias a todos por sus exorcismo, aportes o anecdotas.

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  7. Hola David, en mi caso no los rayo pero tengo un cuaderno donde tomo todos los apuntes pertinentes a la lectura que en ese momento hago y considero tomar notas, luego quito las hojas y las meto al final del libro, muchas de estas hojas llegan a perderse por ahí o las recopilo en folders que asimismo se pierden, mi biblioteca es una especie de santuario y me encabrona que alguien llegue y tome libros a lo loco y después los ponga donde no estaban originalmente, claro, pocas veces alguien llega a meterse a mi biblioteca. Y sí, Alexander tiene razón, un bibliófilo es un enfermo, e incluso hay algunos terminales...

    Un abrazo David, y nos vemos pronto.

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  8. Me parece que alguna vez escuché decir a un cantautor español reconocido que "había que rayar los libros para atestar su buena lectura". Lo que soy yo no los rayo, por maricón probalemente, ya que los veo como recursos agotables, pero juro que me gustaría rayarlos y rayarlos muchos, pero no me animo, solo lo hago en mis pensamientos. Pendejo seré. Es como tener un buen amor y no tocarla con romántico morbo, para mejor conservarla intacta. Ja. Qué pena, seguiré rayando los libros solo en mi mente.

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  9. Hola David, yo los rayo con lápiz o escribo por aparte las citas y me las aprendo. Siento que así los manoseo un poco, sin llegar a quitarles totalmente su "castidad", no puedo hacerlo con pilots o lapiceros porque eso me molesta montones para una re-lectura. -Varas, pero esa es mi manía-. Tampoco me gusta tener dos ejemplares de un mismo texto y odio a los emos. jajaja. Saludes, feliz año.

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  10. Juan carlos lo importante son los libros, sobre todo los grandes libros que si yo no tuviera esa mania los rayariar como un ansioso cuando busca su nieve por las noches, pero tengo ese gran defecto.

    wer buenisimo siempre tan analítico

    Adriana es bueno manosear que nunca se te quite ese costumbre sobre todo cuando es vallejo


    creo que a no voy a comprar dos ejemplares de las obras maestras, y ojo alex que me acabo de comprar la segunda edición del maravilloso EL MAS VIOLENTO PARAISO, no es cosa de audaces es amor a los grandes libros

    un abrazo a todos

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