jueves, 30 de mayo de 2013

SARAJEVO ESTADO DE SITIO Por Jaime Siles



SARAJEVO 
ESTADO DE SITIO
Por Jaime Siles
(Reproducido del Diario ABC español) 
























El poeta bosnio Izet Sarajlic permaneció en Sarajevo durante el asedio a la ciudad. Más de mil trescientos días de terror y muerte que plasmó en versos a caballo entre el diario y la crónica bélica.

Todo es poetizable: hasta el horro ya crueldad de la guerra lo es. La de Troya generó el máximo monumento épico occidental: la Ilíada. La moral hoplítica de la nueva polis produjo la propaganda bélica de Calino de Éfeso y Tirteo de Esparta, y el contrapunto a ambos es Arquíloco de Paros “arrojador de su escudo”, como Horacio lo sería después. Los líricos latinos de la generación de Catulo fueron un precedente de los hippies y, mucho antes que estos, recomendaron no hacer la guerra sino el amor. De ellos parte la teoría del amor cortés y la lírica de los trovadores.


Pero la guerra nunca ha dejado de ser literaturizada; lo fue en muchos sonetos de nuestro siglo XVI; lo fue en la Guerra de Independencia; lo siguió siendo en nuestra última Guerra Civil, como lo fue también en las dos últimas guerras mundiales. Y es que hasta lo terrible- bien representado- es capaz de producir emoción estética. 


Tragedia y Vergüenza 

Izeet Sarajkic (Doboj 1930- Sarajevo, 2002)  lo demuestra en este poemario que tiene mucho de diario íntimo y poco de crónica bélica, Pero no es el detalle lo que en él importa, sino el sentimiento y el valor de humanitas que fundamentan y sostienen su poetizada vivencia y no se menos piadosa reflexión: porque lo que su lectura produce en nosotros es una profunda sensación de pietas.

El filósofo clásico Sinan Gudzevic -amigo del poeta y que ha colaborado con Fernando Valverde en esta traducción- explica que el apellido Sarajlic quiere decir  que sus antepasados estuvieron ligados a la ciudad de Sarajevo, escenario de una de las últimas matanzas de la historia, a la que Occidente no prestó en su día ni presta aún la suficiente atención.  

Los tres años, diez meses, tres semanas y tres días que duró su cerco superan en tiempo al de Stalingrado: los poemas de Sarajlic describen la intrahistoria de ese asedio visto desde una conciencia moral y lírica que se erige en panóptico yo colectivo de un momento que representa una tragedia y una vergüenza para la humanidad.

El hijo muerto

“Las vacaciones de mis padres” , el único poema en prosa incluido aquí, relata la experiencia de sus progenitores, que iban  cada año al lugar de su hijo mayor fue fusilado por los italianos el 16 de julio de 1942. Sarajlic lo define como “turismo horrible”, y todo el libro encuentra un correlato objetivo allí: es un hecho que del pasado que no ha terminado todavía, que no termina nunca y que parece no tener fin.

“Me estoy quedando sin pueblo/ es decir: sin mí”, concluye unos de sus textos dedicados a una larga serie de adioses a casas, calles, familiares y amigos que-como el tranvía evocado en uno de ellos- existen solo en los poemas la única realidad en la que lo amado y lo vivido pueden de algún modo existir. Ese “algún modo”  es la base para toda la escritura en la que la memoria del espacio  se confunden con la del tiempo y esta se convierte en una radiografía del lugar de un lugar que solo en el recuerdo y la en la conciencia existe.

La elegía narrativa-que informa su género- deja paso a los epigramas en los que se analiza y expresa el dolor no sólo de morir sino de vivir y sobre todo, el de seguir viviendo. La alusión a un hecho puntual-como los mercenarios de Milosevic o el lugarteniente de la Gestapo Kinzl- no resta emotividad a un modo de decir que no renuncia a su relación con lo inmediato-que es de lo que parte-, pero que la eleva por encima de la circunstancia concreta, logrando que lo personal sea también universal. De allí la comunicabilidad que de ella dimana y que produce asentimiento en el lector.

Hermosa Vejez

Mandelstam, Pasternak, Esenin, Maiakovski, Markovic, Lorca, Neruda y muchos otros nombres de poetas desfilan por aquí, pero nunca como culturalismo sino como vida, que es lo que la mejor cultura siempre fue. Sarajlic-  que en 1987 había escrito “ Adiós al idealismo humanista europeo” - pone  expone las razones de ellos, y  las ilustra con incontables ejemplos. Para Sarajlic “la época del gran arte ya ha pasado” aunque al menos -dice- la ha visto desde dentro.
Los poemas dedicados a su mujer y a sus hermanas figuran entre los mejores del autor: en ellos asistimos a una lección de afecto y a otra que nos advierte de los efectos que uno de los fantasmas que nos acechan causa y puede causar: 
“que hermosa vejez pudimos haber tenido/tú y yo/ sin toda esta locura nacionalista eslavo meridional”.


Sarajevo Izet Sarajlic
Traducción selección y prólogo de Fernando Valverde.
Valparaiso 2013 
http://valparaisoediciones.es

A ella le gusta llorar mientras escucha The Beatles


Todas las historias y todos los personajes tienen su lado B, como lo tenían los discos de vinilo hoy casi desaparecidos. Cualquier situación puede ser vista desde otra perspectiva, desde otro ángulo que da nueva luz a lo vivido. La generación que nació a finales del S.XX se mueve entre los recuerdos de un siglo marcado por la sombra de muchas guerras y la liberación del pensamiento. Vivimos en un presente de nuevas tecnologías que pueden convertir en único ese pensamiento crítico. El costarricense David Cruz nos descubre en "A ella le gusta llorar mientras escucha The Beatles" el otro lado de esos recuerdos, la cara B cuyas canciones a menudo no nos detenemos a escuchar. 


UN TRACK DEL LIBRO: 




TRACK 21

Por la radio anunciaron que ha empezado el diluvio. 
Un prisionero dibuja estrellas con tiza en el cielo raso de su celda.
Los supermercados colapsaron.

Mi vecina es optimista,
al lado está la gran Biblioteca Nacional

y sobra el papel para desempañar el piso.

Los pescadores ajustan sus carnadas.

El desierto reza por piedad a las pirañas.

Un doctor envuelve en plástico sus títulos universitarios. 
Alguien se ha colgado en la habitación de un hotel,

dejó su testamento escrito en una lengua muerta.

Por la radio anunciaron que ha empezado el diluvio. 
Los amantes corren a casarse al notario.

Las familias se sientan a comer con flotadores plásticos 
recomendados en el último boletín de gobierno.
Un anciano saca sus ahorros del banco

para comprarse una radio de onda corta.

En los hospitales las filas son interminables,

igual en las casas de citas clandestinas.

Una tribu de pulpos
está planeando tomar por asalto Jerusalén.

Un borracho se marcha de la cantina sin un centavo 
y decide hacer una iglesia en la cochera de su casa. 
El alguacil hace tres disparos al aire para imponer su orden.

Por la radio anunciaron que ha empezado el diluvio. 
Un poeta intenta memorizar sus libros sin conseguirlo. 
Un profesor de geografía guarda los instrumentos 
para redefinir los mapas.

Una modelo entrada en años disimula sus canas

y se inyecta botox escondida en el baño de su casa.

En el acuario un niño piensa
que su delfín favorito pronto será libre.

Ella escucha Strawberry Fields.

Un magnate considera mala inversión

sus islas exóticas en el Caribe

y decide subastar estelas mayas en París.

Un profeta se masturba mientras contempla
grabados del siglo V.

Por la radio anunciaron que ha empezado el diluvio. 
Un vidente se reprocha no haberlo previsto.